La deuda pública de Estados Unidos alcanzó la cifra histórica de 40 billones de dólares este verano, superando el 120 % del Producto Interno Bruto (PIB). Este nivel es más propio de economías en crisis que de la principal economía mundial.
Aceleración sin precedentes de la deuda
En 2017, la deuda nacional era de 20 billones, pero en menos de una década se ha duplicado. Este crecimiento acelerado genera presión sobre la economía y eleva el costo que debe pagar el gobierno para financiar su endeudamiento.
Costos crecientes y fondeo a corto plazo
Estados Unidos ya no dispone del privilegio de que el dólar sea la moneda de reserva indiscutible, por lo que los prestamistas exigen mayores tasas de interés para comprar deuda estadounidense. Además, el Tesoro ha financiado esta deuda, en recientes años, mediante instrumentos a corto plazo que requieren refinanciación constante y elevan riesgos inflacionarios.
Impacto en el gasto público y déficit anual
El pago de intereses sobre la deuda es actualmente mayor que el gasto militar y podría convertirse en el rubro presupuestal más grande del gobierno si la tendencia continúa. Al mismo tiempo, Estados Unidos mantiene un déficit anual de aproximadamente 2 billones, que también debe financiarse.
Falta de voluntad política y propuestas de cambio
A pesar de recaudar más de 5 billones al año, el gobierno federal gasta en exceso y no logra contener fraudes ni abusos que se estiman en cientos de miles de millones anuales. La reforma de los sistemas de prestaciones sociales ha sido bloqueada repetidamente por el Congreso.
Warren Buffett sugirió que para controlar el déficit, se debería prohibir la reelección de cualquier legislador si el déficit supera un presupuesto equilibrado. Esta propuesta intenta alinear los incentivos políticos para una gestión fiscal responsable.
Urgencia para realinear incentivos en Washington
La deuda de 40 billones y sus consecuencias financieras exigen cambios estructurales y políticos. Sin la voluntad necesaria en el Congreso para implementar reformas, la carga económica continuará creciendo y afectará a futuras generaciones de estadounidenses.



