El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, afirmó categóricamente que las recientes reformas económicas aprobadas en Cuba no implican una restauración del capitalismo en la isla.
Defensa del modelo revolucionario ante críticas
Díaz-Canel expresó en una entrevista con periodistas puertorriqueños que la revolución cubana representa la esencia de su identidad y compromiso, rechazando cualquier señalamiento sobre un supuesto giro hacia el capitalismo. Reconoció críticas desde sectores políticos variados, tanto de la derecha que exige cambios políticos mayores, como de la izquierda que también muestra desacuerdo.
Medidas para ampliar autonomía y actividades económicas
El paquete de 176 medidas, aprobado en junio por el Partido Comunista y el Parlamento cubano, incluye la ampliación de la autonomía municipal, la expansión de las empresas, permisos para franquicias internacionales, y la autorización para que inversores cubanos participen en sectores estratégicos como el turismo.
Entre las iniciativas también figura la banca privada, la entrega de tierras ociosas, la capacidad de importar y exportar sin intervención directa del Estado, y la contratación independiente de personal.
Contexto económico y social complicado
El mandatario reconoció que Cuba enfrenta una situación económica crítica, agravada por un cerco energético impuesto por Estados Unidos. Díaz-Canel detalló que apagones prolongados, desabastecimiento de alimentos y medicinas, y deterioro en servicios básicos afectan a la población.
Ante manifestaciones ciudadanas, incluidas protestas con golpes de cacerolas, el presidente recordó que la situación tiene como principal causa el bloqueo económico prolongado y el endurecimiento de las sanciones, las cuales calificó como una estrategia para separar al pueblo de la revolución.
Responsabilidad externa en crisis interna
Díaz-Canel señaló que el gobierno de Estados Unidos ha aplicado máximas presiones, citando declaraciones del expresidente Donald Trump sobre la intención de arrasar la isla. En contraste, instó a que quienes expresan descontento en Cuba deberían dirigir su indignación hacia las políticas estadounidenses que afectan a la isla.




