Las huellas humanas fosilizadas de White Sands, en Nuevo México, permiten reconstruir casi 2.000 años de cambios ambientales durante la última Edad de Hielo. Un estudio publicado en octubre de 2026 identificó 20 niveles sedimentarios con rastros de personas y grandes animales, fechados entre 23.500 y 21.700 años atrás.
El análisis indica que el paisaje pasó de estar dominado por el lago Otero a convertirse en una zona de orilla y playa húmeda a medida que el lago retrocedía. Los investigadores relacionan una fase de aridez abrupta, ocurrida hace unos 23.200 años, con el evento climático Dansgaard-Oeschger 2.
Para reconstruir el entorno, el equipo combinó evidencias estratigráficas con análisis de polen y biomarcadores, además de dataciones por radiocarbono. Los resultados respaldan la cronología de las huellas y aportan información sobre la transformación del área durante el Último Máximo Glacial, según el estudio reseñado por el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Las marcas aparecen en distintos niveles de sedimento, lo que apunta a visitas humanas repetidas a la antigua orilla mientras cambiaba el paisaje. El registro no indica que una misma persona estuviera allí durante todo ese periodo: documenta la presencia de personas en momentos distintos a lo largo de casi dos milenios.
Las huellas de White Sands ya habían sido anunciadas en 2021. La investigación de 2026 amplía ese trabajo con una reconstrucción ambiental más detallada; su aporte principal es describir cómo se modificó el entorno en el que quedaron las pisadas.




