Paquita, una madrileña de 83 años, se encuentra en una situación crítica: podría ser desahuciada de la vivienda que ha habitado durante décadas. Pese a abonar mensualmente un alquiler de 1.150 euros, enfrenta la amenaza de perder su hogar, un lugar lleno de recuerdos y parte esencial de su vida.
Una lucha contra el desahucio sin privilegios
La mujer se niega a aceptar cualquier tipo de trato especial por ser adulta mayor. “Yo no pago una miseria, pago 1.150 euros. Claro que voy a defender mi casa”, afirma con determinación. Paquita explica que para ella su vivienda no es solo un espacio físico, sino el contenedor de momentos importantes y vínculos con su barrio.
El impacto del mercado inmobiliario en las personas mayores
Su caso se suma a otros similares que evidencian la presión sobre el acceso a la vivienda en ciudades como Madrid. Recientemente, otro desahucio de una vecina de 87 años de Retiro puso sobre la mesa demandas de alzas sustanciales en el alquiler, afectando especialmente a personas de edad avanzada.
Solidaridad vecinal y la defensa del hogar
Paquita cuenta con el apoyo de sus vecinos y ciudadanos que ven en su situación un reflejo del problema social creciente. Su miedo principal es la incertidumbre de tener que empezar de nuevo a esta edad avanzada. Ha dejado claro que seguirá firmemente defendiendo el lugar que considera suyo y donde han vivido tanto su madre como su marido.




