El arzobispo Fulton Sheen, que en la década de 1950 atrajo a más de 30 millones de estadounidenses con su programa televisivo «La vida vale la pena», fue beatificado este jueves en una ceremonia en San Luis. Este proceso representa un paso importante hacia su posible canonización en la Iglesia Católica.
Influencia mediática y defensa de la fe
Sheen fue pionero en usar la televisión para difundir mensajes sobre la fe cristiana, la moral y la amenaza del comunismo, manteniendo una audiencia que rivalizaba con celebridades de la época. Su simplicidad, al frente de una pizarra y con su sotana, lograba comunicar temas complejos con humor y cercanía.
Relevancia contemporánea y desafíos culturales
Para el comentarista conservador Michael Knowles, el mensaje de Sheen seguiría siendo polémico en la cultura estadounidense actual. Knowles sostiene que sus posturas católicas tradicionales sobre la sexualidad, el matrimonio y la naturaleza humana provocarían fuertes críticas e intentos de cancelación si se expresaran hoy.
Compromiso religioso y legado espiritual
Más allá de su fama, Sheen es reconocido por su devoción personal, especialmente su hábito diario de una hora ante el Santísimo Sacramento, calificada como “la hora que da sentido a su día”. Su beatificación fue respaldada por un milagro atribuido a su intercesión: la recuperación de un bebé sin signos vitales tras una hora de reanimación.
Relaciones con la jerarquía católica
Sheen estuvo vinculado con papas modernos como Juan Pablo II y Benedicto XVI, y participó en el Concilio Vaticano II, donde compartió encuentros con futuros sumos pontífices, lo que subraya su conexión profunda con la evolución de la Iglesia en el siglo XX.




