De la fruticultura al maíz para ganadería
Durante décadas, Julio Ortega y su familia gestionaron una explotación dedicada al cultivo de peras y manzanas en Allen, en el Alto Valle de Río Negro, Argentina. Sin embargo, la expansión de la industria del petróleo y gas en la cercana formación de Vaca Muerta modificó el contexto laboral y económico de la región.
Enfrentando la dificultad para encontrar trabajadores, Ortega decidió abandonar la fruticultura y la producción de pasturas para proponer un nuevo modelo centrado en la agricultura y ganadería, especialmente en el cultivo de maíz.
Estrategia agrícola y ganadera adaptada a la realidad local
Hace 16 años, Ortega comenzó con la siembra de maíz en solo 12 hectáreas. Hoy administra más de 200 hectáreas y un rebaño aproximado de 400 cabezas de ganado, en un sistema integrado que combina agricultura con producción ganadera.
El cultivo de maíz fue elegido por su menor necesidad de mano de obra en comparación con cultivos tradicionales, un factor fundamental dada la competencia por trabajadores que impulsa el sector petrolero. Ortega gestiona la explotación con solo tres empleados, apoyándose en un alto grado de mecanización que incluye sembradoras, cosechadoras, picadoras y aplicaciones con drones.
Innovación y diversificación para sostener el negocio
La inversión tecnológica ha permitido a Ortega no solo aumentar su superficie cultivada sino también ofrecer servicios agrícolas a otros productores de la zona. La mitad de la producción de maíz se destina a la alimentación del ganado, mientras que el resto se comercializa, contribuyendo a diversificar los ingresos.
A pesar de la práctica continua del cultivo en la misma área, Ortega destaca que ha podido mejorar la productividad con un manejo cuidadoso del riego, la fertilización y la conservación del suelo.
Un cambio histórico en la tradición familiar
Este giro representa una transformación profunda en la historia agrícola familiar, que hace más de un siglo se dedicaba exclusivamente a la producción de peras y manzanas. El impacto de la industria energética en la región ha impulsado a Ortega a reinventar su modelo productivo para adaptarse a las nuevas realidades económicas y laborales, logrando una explotación integrada y sostenible.




