Anthea Hartig, directora del Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian, afirmó en una presentación en febrero de 2025 que la historia es una herramienta primordial para la justicia social. Esta declaración cobró relevancia después de una serie de audiencias en el Congreso donde se cuestionó la supuesta influencia ideológica en la institución.
Compromiso con una visión inclusiva y diversa
Durante su charla con estudiantes en la Universidad de California, Los Ángeles, Hartig destacó que el museo adopta un enfoque basado en la equidad y la justicia, orientado por las comunidades a las que sirve. Expresó que su misión actual es reflejar la diversidad racial, étnica, de género, clase social y geográfica del país.
Recordó que el museo fue fundado en 1964 con un espíritu enfocado en resaltar el liderazgo tecnológico de Estados Unidos durante la Guerra Fría, pero que hoy se ha transformado en una institución que valora la accesibilidad, relevancia e inclusión de audiencias diversas.
Documentando movimientos sociales recientes
Hartig puntualizó que el museo ha participado en la recolección colaborativa de objetos relacionados con el movimiento Black Lives Matter para preservar y compartir la historia contemporánea de esta lucha desde 2012. También elogió grupos como Tsuru for Solidarity, una organización que trabaja contra las políticas inmigratorias racistas y que vincula su activismo con la memoria de los campos de concentración para japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial.
Garantizando la justicia a través de la historia
En su intervención ante el Congreso, Hartig defendió la objetividad y no partidismo del Smithsonian, enfatizando los rigurosos estándares académicos y la independencia en el manejo del material histórico. Sin embargo, reiteró a los estudiantes que considera que la historia debe utilizarse para promover la justicia restaurativa y corregir errores pasados.
Además, destacó la importancia de una comunicación efectiva dentro del museo mediante una estrategia multilingüe que garantice que los visitantes puedan comprender las exhibiciones en el idioma con el que se sientan más cómodos, priorizando inglés y español y extendiéndose a otras lenguas según el público.
Hartig concluyó exhortando a expresar las verdades complejas a través de la historia y defendiendo la disciplina como un medio para comprender las dinámicas de poder, identidad y derechos fundamentales en Estados Unidos.




