Alexandria Ocasio-Cortez, representante demócrata de Nueva York, restó importancia a la fase más radical del movimiento ‘woke’, pero sus declaraciones provocaron fuertes críticas entre políticos y analistas conservadores.
Defensa de la evolución política frente a pasados controvertidos
Durante una entrevista, Ocasio-Cortez se rió al referirse al «Woke 1» como algo «loco» y afirmó que lo realmente relevante es evaluar las posiciones actuales de los candidatos. Este comentario surgió al ser consultada sobre los polémicos dichos de Francesca Hong, aspirante demócrata a gobernadora de Wisconsin, quien en el pasado pidió cancelar el Día de Acción de Gracias y abolir las prisiones.
Conservadores rechazan minimizar declaraciones anteriores
Figuras como Tim Graham, del Media Research Center, replicaron que intentar desligar a un candidato de opiniones extremas expresadas hace menos de seis años resulta poco serio. Destacaron que Hong ha expresado rechazo a varias celebraciones tradicionales e incluso consideró problemáticas fechas como Navidad, lo que para ellos indica falta de preparación para cargos públicos.
Cuestionamientos a la coherencia de la izquierda progresista
El vicepresidente del Manhattan Institute, Jesse Arm, planteó la interrogante sobre cuáles posiciones radicales del «Woke 1» los demócratas realmente descartan. Mencionó cuestiones polémicas como la atención médica para menores transgénero, la participación de hombres en deportes femeninos, y políticas de fronteras abiertas, que no han sido repudiadas ni modificadas por el ala progresista.
Arm también recordó la postura de Ocasio-Cortez en 2019, cuando alertaba que el mundo terminaría en 12 años por el cambio climático, señalando la inconsistencia con su actual plan de formar una familia en la próxima década.
Respuestas conservadoras y referencia a la política estatal
En redes sociales, el representante Brandon Gill y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, criticaron la actitud de desdén hacia las consecuencias del ‘woke’. DeSantis afirmó que Florida acertó al rechazar esa corriente ideológica que calificó como un «virus mental».
El debate refleja la tensión entre sectores políticos en Estados Unidos sobre el legado y las perspectivas del progresismo radical. Mientras Ocasio-Cortez intenta encuadrar estas ideas como parte de un pasado superado, la oposición mantiene que estas posturas extremas siguen vigentes y pueden afectar la imagen y credibilidad del partido demócrata.




