La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una actualización importante sobre los factores que incrementan el riesgo de demencia. Además de los 12 factores ya conocidos, la nueva versión añade siete condiciones y exposiciones vinculadas a un mayor deterioro cognitivo.
Factores cardiovasculares y neurológicos en el centro de la actualización
Entre los nuevos factores se incluyen enfermedades que afectan el corazón y los vasos sanguíneos, como arritmias y accidentes cerebrovasculares, que impactan directamente en la salud cerebral. Un aspecto destacado es la inclusión del trauma craneal, que abarca desde una conmoción leve hasta lesiones graves, como un riesgo creciente para la demencia.
Cambios hormonales y problemas asociados a la menopausia
El informe señala que la terapia hormonal para mujeres posmenopáusicas mayores de 65 años no se recomienda específicamente para prevenir la demencia. Según expertos, los cambios hormonales durante la menopausia pueden influir en el estado de ánimo y la memoria, pero el vínculo entre la terapia hormonal y el riesgo de demencia sigue siendo incierto.
Importancia del sueño, la visión y las infecciones
La OMS destaca que los problemas de sueño, como la apnea, pueden producir alteraciones cerebrales similares a las observadas en el Alzheimer. La protección del sueño ayuda a eliminar residuos del cerebro y podría ser clave para mantener la función cognitiva. Asimismo, la pérdida de visión podría sobrecargar al cerebro y contribuir al deterioro.
En cuanto a infecciones, el VIH no tratado se asocia con un deterioro cognitivo notable, mientras que la exposición a diversas toxinas, desde el alcohol hasta la contaminación ambiental, también tiene efectos adversos para la salud cerebral.
Un abordaje preventivo contínuo para toda la vida
Especialistas sugieren que la prevención de la demencia debe ser un esfuerzo de largo plazo, no concentrado solo en la tercera edad. Implica mantener un estilo de vida saludable, evitar traumatismos y cuidar las condiciones médicas que afectan al cerebro. Actividades sociales y el aprendizaje continuo también son recomendados para preservar la función cognitiva.




